Clasificación de los apellidos italianos

variedad de apellidos italianos

Existe una clasificación muy general de los apellidos, en cualquier idioma, que es muy utilizada. Consiste en diferenciar los apellidos en 5 grupos: patronímicos (derivados del nombre del padre), toponímicos (derivados del nombre del lugar), derivados de oficios y profesionesapellidos derivados de sobrenombres y apellidos dados a los niños huérfanos o abandonados (sobre el abandono de los niños en el pasado, leer aquí).

Pero, esta clasificación no es suficiente en el caso de los apellidos italianos y ha sido motivo de gran discordia en el pasado. Una clasificación moderna y diversificada es la que propone Emidio De Felice, considerado como el único investigador que ha censado todos los apellidos italianos presentes en las guías telefónicas, propone otra clasificación con más categorías. Para nuestros fines utilizaremos la clásica clasificación: patronímicos, matronímicos, los toponímicos, los apellidos derivados del desarrollo de una profesión u oficio, los derivados de sobrenombres y los apellidos inventados, con el agregado de algunas especificaciones que realiza De Felice.

Patronímicos

Esta es una de las categorías más amplias, aproximadamente un 40 % de los apellidos italianos tienen este origen. Indica a una persona por su conexión con otra, usualmente su padre. En estos apellidos se hace referencia a la indicación del padre (patronímico) o la madre (matronímico), expresos con el nombre personal, el apodo o el nombre agregado del padre, generalmente precedidos por los prefijos de o di, (D 'Amico, Di Giulio, De Luca, D’Angelo, Di Francesco) o del artículo determinativo lo (Lo Bello, Lo Monaco), o, en otros casos raros, de la forma fi, derivada de figlio di= hijo de: Ficini, Fittipaldi, Figiaconi.
Un patronímico puede originarse directamente del nombre del padre. Este es el caso, también, de los apellidos derivados de un nombre propio que terminan en i, por eejmplo: Bernardi, (hijo de Bernardo). El hijo de Giorgio fue llamado Giorgi o De Giorgio, o bien Zorzi (variante del Veneto). Los hijos de Antonio tuvieron como apellido: Tornetti, Tonini, Tognacca.
Emidio De Felice explica que gran parte de los apellidos italianos son patronímicos, es decir apellidos que derivan de nombres de pila. Una sorprendente variedad de apellidos deriva de los nombres Giacomo, Giovanni y Pietro. Algunas de las formas hipocorísticas de Giuseppe se visualizan en apellidos como Iseppi, Iseppato, Iseppon, Iseppi, Beppilato, Zepinalo, Pepini, además de De/Di Giuseppe. Sin embargo, Giuseppe (José) es un nombre que se reservó durante mucho tiempo y solo con ciertas excepciones, a la comunidad judía. Sólo después de la realización del Concilio de Trento fue sugerido como nombre por la Iglesia Católica y se impuso en Italia a fines del siglo XIX y principios del XX; por lo que son pocos en cantidad y calidad, los apellidos derivados de ese nombre, si se compara con apellidos derivados de otros nombres, tales como Giovanni, Martino, Giacomo, Nicola, Tommaso y Bartolomeo.
De Felice establece algunos subgrupos dentro de los patronímicos:
- derivados de nombres de pila latinos,
- de nombres asociados a la tradición religiosa cristiana
- derivados de “nombres cultos”.

1. Apellidos derivados de nombres cultos (nomi dotti)

Constituyen un subgrupo numeroso. Se trata de apellidos derivados de personajes históricos o literarios, de tradición clásica (Ottaviani, Virgili, Ercoli),griega (Achilli, Ippoliti, Tolomei) o también francés épico-caballeresco (Rinaldi, Palladini, Lancellotti). Tales apellidos fueron adoptados entre 1a última parte de la  Edad Media y el Renacimiento, en un primer momento por las clases sociales más altas, pero luego también se difundieron a las clases medias y populares.
El estudio de apellidos que realiza Angelo Bongioanni, analiza los apellidos italianos desde este punto de vista. Ver más aquí.


2. Apellidos derivados de nombres de origen latino

Según De Felice, gran parte de los apellidos derivan de nombres de pila de origen latino (Adriani, Cesari, Martini), griego (Alessandri, Cristofori, Giorgi), germano (Bernardi, Carli, Federici), y hebreo (Adami, Baldassarri, Gaspari). Sorprendentemente, la mayor parte de los apellidos derivados de nombres son de origen germano representando las tres cuartas partes del total de los apellidos derivados de nombres. Una sorprendente variedad de apellidos deriva de Giacomo, Giovanni y Pietro. Sabemos que Giacomo y Giacobbe son, en origen, el mismo nombre. Estos dos nombres han derivado en innumerables apellidos entre ellos Giacomo, Giacomi, Giacobo, Giacopo, Giacobbi, Iacomo, Iacomi, Iacobo, Iacopo, Iacovo, Iavoco, Di Giacomo, Dello Iacovo.
Al agregarse los sufijos se originaron: Giacomello, Giacomelli, Giacometti, Giacomino, Giacobini, Giacomìn, Giacomucci, Giacomuzzi, Giacomozzi, Giacomoni, Giacomazzo, Giacomazzi. En algunas regiones, el nombre Giacomo se contrajo en Giaco, Giachi, Giacco, Giacchi, Iaco, Iachi, Iaci, Zacco, Zacchi, con todas las variantes sufijas: Giacchetti, Zacchetti entre otras. Y como si esto no bastase, al incorporar el aféresis, Giacomo se transforma en Como, con todas las variantes sufijas Comello, Comelli, Comellini, Cometto, Cometti, Comino, Comini, Comìn, Cominello, Cominelli, Cominetti, Cominotto, Cominotti, Comucci, Comuzzo, Comuzzi, y la lista continúa.
En algunos casos el apellido se compone de dos nombres, en el cual es posible que el segundo nombre identifique al abuelo. Ej: Colaianni, es decir: “hijo de Nicola (Cola), hijo de Giovani (Ianni). También Guglielmipietro “hijo de Guglielmo, hijo de Pietro”.
Ver:
Nomi e Cognomi de Angelo Bongioanni
Apellidos italianos derivados de Juan

3. Apellidos derivados de nombres de tradición religiosa

Este es también un grupo de apellidos bastante nutrido. Se trata de nombres de familia que expresan devoción religiosa o la voluntad de poner al nacido bajo la protección de los santos del calendario cristiano (Teodori, Benedetto, Santi, Stefani, Servadio).

4. Matronímicos

Los matronímicos son apellidos derivados del nombre de la madre y, si bien no son tan comunes, dan un testimonio de la importancia del rol de las mujeres en épocas antiguas. Los matronímicos más difundidos son: Agnesi, D’Agata, De Maria, De Rosa, Di Grazia, Donabella, D'Anna.

Toponímicos

Otro 35 % de los apellidos italianos se encuadran en esta clase. Se pueden diferenciar tres subgrupos entre los toponímicos:
- el apellido concuerda con el topónimo;
- concordante con un grupo étnico y
- concordante con características geográficas o construcciones humanas típicas de un territorio


El apellido concuerda con el topónimo
Se trata de apellidos que surgieron como consecuencia de las migraciones. El lugar tenía que ser conocido por la comunidad que aplicaba el toponímico. Por lo tanto al individuo que provenía de villas cercanas se le aplicaba el nombre de la villa, si provenía de una ciudad, región o país más remoto, se usaba un nombre más general. Esta forma de apellidos es la que ha prevalecido en la Lombardía, donde se encuentran numerosos toponímicos: Albizatti (de Albizate), Bardelli (de Rardello), Besan (de Besana), Brambilla (del valle de Brembana en Bergamo); Locatelli (de Locate). A veces los toponímicos está precedidos por las preposiciones da, de o di. Los toponímicos se formaban también agregando un sufijo a la terminación del nombre del lugar de donde provenía la persona. Ese sufijo indica el origen del individuo. Por ej.: Anconetani (de Ancona), Recanatesi (de Recanati), Mantovani, Fanesi, Bolognesi. La aplicación de este tipo de toponímicos dependía de la importancia económica, cultural, etc. de los centros poblados.

El apellido concuerda con un grupo étnico.
Por ejemplo: Greco, Lombardo, Lombardi, Sorrentino, Catalano, Calabrese, Mantovani, Pugliese, Albanese, etc.

El apellido coincide con características geográficas o construcciones humanas típicas de un territorio.
Esas características recuerdan donde residían o vivían los portadores de tales nombres. Ej. Fontana (fuente), Villa, Sala, Monti, Riva, Castelli, Piazza, La Porta: la puerta (se aplicaba a quienes vivían en cercanías de las puertas de acceso a las villas), Cavenaghi: del cavenago o pisadero de uvas.
Algunos toponímicos eran asociados a ciertas particularidades y a idiosincrasia de los habitantes del lugar y en función de las mismas se aplicaban a las personas. Por ejemplo: Lombardo, que en general se definía como “italiano del Norte”, también se asociaba con: banquero, usurero. Greco, definido como “persona del rito bizantino”, con astuto, que tiene dos caras. A Raguseo, el habitante de Ragusa se le asociaban: avaro, usurero, berrinchudo, etc. Apellidos como Pisano o Toscano son muy comunes en Sicilia y Claudio Bossio lo explica a partir de un fenómeno de migración interna: las familias italianas del medioevo no buscaban fortuna (como suele decirse) desplazándose del sur al centro-norte. Más bien, dado que Sicilia era unas de las áreas más ricas y productivas de Italia, eran bastante numerosos los grupos familiares que se mudaban hacia el sur de la Toscana o de la costa de Lucca (famosa por estar infestada de malaria). Y así, el difundidísimo apellido lombardo Bergamini recuerda a los vaqueros bergamascos que descendieron de los valles alpinos al Valle del Po y Aquilani a los habitantes de Abruzzo que se mudaban a Roma para trabajar en las cañerías.
Ver:
Apellidos italianos derivados de topónimos, de Enzo Caffarelli

Derivados del nombre de oficios y profesiones

La profesión o empleo se utilizaba para identificar a una persona o la familia de esa persona, agregando la profesión al nombre. Por ejemplo: Fabbri, Ferrari (herrero). Estos apellidos dan alguna indicación del status social de la familia, a través del oficio o profesión que desempeñaban (Barbieri, Sarti, Medici), el cargo (Giudici, Confalonieri, Potestà), el título (Nobili, Consoli, Vassallo), la condición socio-económica (civil, militar o religiosa: Soldati, Cavalieri, Abate, Piscopo, Iacono) o relaciones familiares particulares (Padrino, Santolo).
Algunos apellidos derivan del nombre de un objeto típico relacionado con el ejercicio de una actividad, por ejemplo: Farina (harina) y Forni (horno), Zappa (azada, para los granjeros), Tenaglia (tenaza) o Martelli (martillo).
En la lista de apellidos más comunes de Italia, encontramos a Ferrari y todos sus derivados: Ferraro, Ferrario, Ferraris, Ferrero, De Ferrari, Ferriero, Ferrerio, hasta Ferrè y Ferrer todos derivan de la misma ocupación el fabbro ferrario (Faber Ferraris en latin), que seguramente era la ocupación del padre del neonato. Muchos apellidos derivaban de títulos o cargos honoríficos como: Conte (conde), Marchesi (marqués) o bien eclesiásticos: Papa, Cardinale, Vescovi (obispo).
Pero, es importante señalar que estos apellidos no indicaban el origen de la persona, sino la condición de siervo de la misma, por ej: un trabajador de una abadía o perteneciente a la corte de un príncipe. Apellidos como Del Duca, Del Prete, De Piscopo, Del Monaco, Vasallo evidencian esta circunstancia.
Otras veces, el apellido se otorgaba por características físicas, condiciones psicológicas o comportamientos que recordaban a un capitán de armas, a un príncipe, un obispo, etc. En muchos casos, el significado de un apellido se refiere a oficios que ya no existen y Claudio Bossio menciona varios ejemplos. Los Mondadori “limpiaban” (mondare = limpiar hierbas) los campos (o los arrozales) de las malas hierbas, o lavaban la lana y las telas. Los Arcari eran fabricantes de arcos (en la práctica eran carpinteros) o funcionarios que custodiaban el tesoro de la comunidad, localizados en un arca (o más bien en una caja). Son interesantes los apellidos Appicciafuochi o Buttafuoco, que están relacionados con quienes, pago de por medio, encendían el fuego en casa de los judíos los sábados (día en que estos últimos tenían prohibido hacer incluso trabajos domésticos). Se entiende fácilmente que los Acquaioli eran vendedores ambulantes de agua (o encargados de la irrigación de los campos), mientras— continuando en el ámbito de la actividad agrícola— tal vez no sea tan evidente, a primera vista, qué hacían los Campari (custodios del campo) o los Somerari (los que se dedicaban a los animales de carga). Así mismo, es fácil entender que los Finocchiari (de finocchio = hinojo) y/o Cipollari (de cipolla = cebolla), eran vendedores de productos del campo.
Los dialectos se evidencian en estos apellidos. Por ejemplo, en Sicilia, a “barbero” corresponde al apellido Zirafi, de origen griego, o Cangemi, derivado del árabe. También de origen griego son Crisà (orfebre), Zappalà (vendedor de higos), mientras que Abolaffio (farmacéutico) y Saccà (vendedor de agua) son de origen árabe. En muchos otros apellidos sobrevive el dialecto: por ejemplo Cravero, Cravario y Chiabrera son todos apellidos, de origen piamontés, para indicar a quienes cuidaban a las cabras y Strazzeri era el vendedor de trapos en dialecto véneto.

Derivados de sobrenombres o apodos

Contrariamente a lo esperado, los apellidos derivados de apodos no constituyen el grupo más numeroso. Este tipo de apellidos se ha formado comúnmente en época medieval y renacentista. Tales apodos tuvieron la función de completar o reemplazar el nombre propio. Es posible diferenciar también dos subgrupos en estos apellidos:

Apellidos derivados de Apodos que aluden a las características de la persona
Algunos rasgos distintivos de la personalidad o la apariencia identificaban a los individuos y sus descendientes. Estos sobrenombres surgen como necesidad en aquellas comunidades en las que los patronímicos o los apellidos derivados de profesiones u oficios no eran suficientes para identificar a las familias de las mismas.
El apodo era a menudo asociado al color o forma del cabello. Algunos de los apellidos más comunes tienen este origen. Por ejemplo: Rossi y todos sus derivados, el apellido más común en Italia, originado en los pelirrojos. Muchas veces se utilizaban los defectos físicos para diferenciar a las personas y así aprecieron apellidos como Grassi, Grossi, Bassi, Corti, Lunghi, Sordi, Muti, Nani (enano), Brutti (feo), Malfatti (mal hecho), Piccoli (pequeño), Zoppi (rengo, cojo), Malvestiti (mal vestido), Debole (débil), Viscidi (resbaladizo, que se cae), Sciacanti, Minorati (retrasado), Dementi, Invalidi, Strpi (tullido, deforme), Curvi, Malati, Pesanti (pesado, aburrido). Así como Gambarotta/o (pierna rota), Brazzorotto, Testasecca, Testaverde y la lista se volvería extensa.
Otros ejemplos: BALBO (o BALBI), del latín “balbus” (balcuceante) o BIAGI, con sus derivados: BIAGETTI, BIASI, BLASI, DE BLASI, BLASETTI, que tienen un origen más o menos igual, derivan del adjetivo latino "blaesus" (balbuceante, que se le traba la lengua).

Apellidos derivados de apodos que aluden a hechos ocasionales
Estos aluden a hechos y a acciones ocasionales por los que es conocida o recordada a la persona tan denominada: Bevilacqua (bebe agua), Cattabriga (de causar pelea=attaca briga), Fumagalli (se aplicaba a los ladrones de gallinas que fumaban en los gallineros para provocar confusión y así lograr su objetivo), Magnavacca (quien se come una vaca, ver más aquí), Pappalardo, Frangipane (partir el pan).

Apellidos Inventados

Se trata de nombres encuentran en italiano "vulgar" (es decir popular, no hablado en el entorno de los eruditos y los literatos) y expresan, de un modo bastante claro un deseo para el niño. Un 10% de los apellidos italianos tienen este origen. Podemos diferenciar cuatro subgrupos en esta clase de apellidos:

Los “trovatelli”:
Estos apellidos eran impuestos a los niños que fueron abandonados y encontrados en las inmediaciones de iglesias, palacios o casas. Esta clase de apellidos fue elegida por las instituciones religiosas o, después del establecimiento del registro civil, por el oficial Civil, quien alguna que otra vez se daba el gusto de inventar formas particularmente curiosas o ligadas al calendario o a las condiciones en que encontraron al niño. Así surgieron apellidos relacionados con los días de la semana (Lunedino, Sabatino, etc.) y con los meses (Agosto, Agostiale, Marziano, Settembrino, etc.). Estos apellidos varían según los lugares y tradiciones, aunque algunas formas estandarizadas son notables. Así tenemos: Esposito en la Campania, Degli Spositi en la Emilia, Proietti en el Lazio y Umbria, Trovato (encontrado) en Sicilia, Innocenti, Degl’Innocenti e Nocentini en la Toscana.
Otros apellidos derivaron de la institución que recogía a los niños abandonados, en forma general como Casadio, Casadei (casa de Dios) en la Emilia Romagna, Casagrande en Le Marche, Umbría, Veneto. O bien en forma específica como Colombini por el símbolo del Ospizio di Santa Caterina della Ruotaen Milano. Se ideaban apellidos en relación al santo que se consideraba protector de la institución Santantonio, Sangiuseppe, Sangrato, en relación a Jesucristo (Gesú) Gesumio, Gesunostro, Santogesù, Gloriagesù; con la María: Santamaria, Nostramaria, Mariano; con Dios: Santididdio, Diotallevi, Graziadio; o con la cruz Santacroce. También se inventaban apellidos para aquellas familias o personas de origen extranjero, cuyos apellidos resultaban de difícil traducción.
Ver: Estado civil de los niños abandonados.

Los augurales
En el caso inverso, cuando se trataba de hijos deseados, a veces esperados por largo tiempo, descendientes de familias ricas, o simplemente de parejas queridas por sus conciudadanos, se consideraba que el recién nacido merecía un apellido particular. Es así como aparecen los apellidos augurales que manifiestan el agradecimiento de los parientes o amigos por el nacimiento del heredero, que explican la alegría de los padres o los buenos auspicios de los conocidos para el niño y su familia. Gran parte de estos apellidos deben su origen al adjetivo buono = bueno, por ejemplo: Buonfiglio (buen hijo), Bonfiglio, Bonafligia, Bonfiglioli, Bonfioli. O Bonfante, Bonfanti, Bonfantini (típico del Norte y deriva del latín bonus infans: buen niño). Otros casos: Bonaventura (buena suerte que frecuentemente deriva en Ventura) o el raro Bonaugurio o Boninsegna (buena señal, típico del nor-este italiano). Análogos, pero con una relevante connotación social son Bonaiutti (buena ayuda, difundido principalmente en la Toscana y Emilia Romagna). Bonáiti y Bonáita, son apellidos lombardos y derivan del vocablo antiguo áita = aiuto = ayuda. Buonaccorsi o Bonaccorsi, derivan de buono + accorsi, término medieval, típico de la Emilia que equivale a socorro, ayuda. Estos apellidos subrayan la función económica del hijo: “venido en socorro, en ayuda” a la familia pobre, futuro sostén de los padres con su trabajo.

En otras ocasiones se recrea el momento temporal en que ocurrió el nacimiento a través del apellido: es el caso de Bongiorno o Buongiorno, muy común en el Sur y quiere decir buen día. En el Norte se encuentra Bonora o la forma inversa Orabona (presente también en Caserta) con el mismo significado. Otros apellidos: Bontempo; Buontempo, Bontempi, Bontempeli, Bonanno (Buonanno), relativos al “buen tiempo” o al “buen año” en que se produjo el nacimiento. Más propiamente augurales son aquellos apellidos que indican futuras cualidades (casi siempre morales) del recién nacido: es el caso de Buoncompagni, que puede derivar en Compagni y Pagni, originados en la esperanza de que el niño pueda ser un buen compañero. También Bonamici o Buoamici, de la análoga esperanza de que el niño sea un buen amigo. Estos difundidos en el centro y norte.

Otra serie de apellidos deriva del prefijo Ben, originado en el adverbio bene = bien. Por ejemplo: Bennato, Bennati, Bennate, Benato, Benato, apellidos populares en la Umbría y Toscana, producidos por la contracción de “bene nato”, es decir: bien nacido. Otros apellidos: Arrivabene, Ognibene (de la Emilia y Sicilia) que desea todo el bien al recién nacido, o Bentivoglio, Bentivoglio (Ben ti voglio: ni más ni menos que te quiero mucho). Benvenuto (presente en la Liguria) con Benvenuti, y Benvenute que aparece contraido en Nute en la Toscana, que dan la bienvenida al niño. Muy similar es el origen del apellido Benincasa, que tiene su epicentro en la Calabria, Campania y Lombardía. Puede ser interpretado como “bene in (questa) casa” es decir un apellido que saluda la llegada del neonato diciendo: “que sea un bien en esta casa”. En la Campania se halla muy difundido el apellido Bencivenga, con las alteraciones populares Bencivegna, Bencivegni. También aparece la versión Bentivenga o Bentivegna, Bentivegni. En ambos casos el significado es casi idéntico: “che il bambino venga a noi bene” (que el niño nos venga bien) o “che il bambino venga bene a te (al padre)”.

Los apotropaicos
Los apellidos apotropaicostenían la función de alejan influencias malignas, peligros o males. Así, por ejemplo: Afflitto (afligido), Bruto (feo),Sventurato (desafortunado), que auguran al niño ser y crecer feliz, bello, afortunado. El apellido es una especie de conjuro contra cada eventual mal o desdicha deseándole al niño lo contrario a su nombre es decir de ser y crecer feliz, bonito, dichoso.

Apotropaico: El efecto apotropaico es el mecanismo de defensa que la superstición o las pseudociencias atribuyen a determinados actos, rituales, objetos o frases formularias, consistente en alejar el mal o proteger de él o de los malos espíritus o de una acción mágica maligna. Viene del griego apotrepein ('alejarse'), y psicológicamente tiene que ver con la represión de lo malo. Lingüísticamente se expresa mediante el eufemismo contra una palabra tabú.

Los teofóricos

Estos son apellidos que contienen y expresan la confianza en Dios.Ejemplos: Laudadio, Dioguardi, Salvadei, Diodato, Amadio, Diotaiuti, Teodori, Omodei.

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